Hola de nuevo. He vuelto a escribir un blog desde una página jurídica. En este caso el motivo es que he renovado mi página web y los chicos bilbaínos que se encargan de mi SEO (necesitaría otro post para explicar qué es y probablemente lo explicaría mal) me animaron a que la nueva web se enfocara a una especialidad del derecho administrativa que llevo años estudiando: la Ley de Costas.

Ya sabéis, el dominio público marítimo terrestre y otros asuntos peliagudos que acontecen cuando se mezcla lo público o lo privado. A mí que siempre me ha gustado el derecho civil me ha resultado extraño decir que soy especialista en normativa de costas, pero es que lo soy. Y lo soy accidentalmente. Yo no elegí estudiar esta materia compleja y farragosa. La temática vino a mi porque mi casa está afectada por la Ley de Costas. Mis veranos los paso en una casita construida en el año 1954 y que desde hace años se encuentra en dominio público marítimo terrestre.

Así que hice de la necesidad virtud y empecé a fajarme sobre el tema con escrituras antiguas, concesiones, planos de deslinde y otros menesteres con los que ninguna joven abogada sueña el día que va a colegiarse. Y aquí estamos. El gran Raúl Herrera1 dice que la especialidad no se elige, sino que te elige ella a ti. Así ocurrió en mi caso. Empecé mirando los papeles de la casa de mis abuelos y he terminado asesorando a asociaciones de vecinos y a Ayuntamientos. Otra persona a la que me gusta leer siempre es Joan 2 Tubau.

En su post del sábado decía que la vocación es algo que llega por accidente, cuando se frecuenta el entorno adecuado. Quizás lo mío no sea vocación; siempre le he tenido mucho respeto a ese término, sino una ocupación. Y como me ocupo tanto últimamente, el próximo día os hablo de la Ley de Costas. Hoy tocaba una presentación más personal.

Nos leemos pronto.