Esta semana cumplo 10 años como abogada ejerciente. Una década paseando la toga por los juzgados. Empecé a hacer juicios con 24 añitos recién cumplidos, bien por valentía o por temeridad, pero ya sabes lo que dicen: por algo hay que empezar.

Mis comienzos fueron en un despacho pequeño y asesoría. Mi mentor era un buen abogado; por desgracia no me pudo enseñar todo lo que a él y a mí nos hubiese gustado porque falleció al año de yo entrar del despacho. En ese momento decidí apostar fuerte por la profesión y quedarme en ese mismo despacho, gracias a la generosidad de su hermana. Ahí empezó mi camino; luego vino el Máster de la Abogacía, el acceso al Turno de Oficio y muchos altibajos que me han llevado hasta aquí. Quien en diez años diga que no ha tenido ganas de tirar la toalla miente.

La abogacía es una profesión con un nivel de exigencia altísimo, tanto en lo profesional como en lo personal y hacerse un huequito no es nada fácil. Por eso, celebrando que soy una superviviente de la abogacía, me gustaría dejar por aquí algunos consejos para cualquier joven, o no tan joven, que quiera empezar en el mundo de la abogacía por cuenta propia:

  • Es necesario empezar en un despacho a hacer prácticas o pasantía. Si ese despacho tiene capacidad para contrataros, adelante. Es muy difícil empezar por cuenta propia, pero no imposible. Conocer la gestión económica, trato con los clientes, hacerte al manejo de bases de datos o programas de gestión es tan importante como repasar la LEC.
  • Evita caer en la figura de falso autónomo. Si un despacho no puede contratarte más vale que busques otro o ejerzas por tu cuenta.
  • La colaboración es muy positiva. Es importante buscar sinergias en función de cual sea tu área de especialidad.
  • Si te gusta el derecho penal, te recomiendo entrar en el turno y hacer guardias. Es una buena forma de tener unos ingresos recurrentes (aunque no son suficientes, no se puede vivir del turno) y te da unas tablas que al inicio de la profesión son necesarias.
  • No podemos saber de todo, si empiezas en un despacho generalista debes identificar aquellos asuntos a los que debes decir que NO porque no controlas. Aunque no es necesario especializarse desde el minuto uno, la experiencia me ha enseñado que cuanto más acotes un área de especialidad mejor: te vas a sentir más seguro y vas a poder cobrar unos buenos honorarios. No es necesario que lo tengas claro desde el minuto uno. En mi caso, llevaba ya cuatro años ejerciendo cuando empecé a estudiar ley de costas con profundidad.
  • Tan importante es saber derecho como saber de gestión. Un abogado autónomo debe controlar facturación, gestión de cobros, control de gastos. Tener unos conocimientos financieros básico es muy importante. Lo más importante es saber poner precio a tu trabajo. Para estas cuestiones recomiendo leer sobre finanzas o hacer cursos (en plataformas como domestika tienes varios). Instagram también es fuente inagotable de recursos donde gente como Raúl herrera, Vanesa Marrero o Natalia Santiago pueden ayudarte.
  • Control del estrés. Debes dedicarte tiempo a ti mismo: hacer deporte, meditar, salir a andar por la montaña o todo aquello que te de paz. Un abogado quemado es un mal abogado.
  • Invertir en marketing. No hace falta una gran inversión económica, puedes usar las redes sociales, pero si no comunicas lo que haces es que no existes.

Espero que estos consejos te sean de ayuda incluso si ya llevas tiempo en la profesión. Yo misma no cumplo todo lo que he escrito en estas líneas y algunas cosas me requieren una gran fuerza de voluntad. Es imposible estar siempre al 100% y habrá semanas en la que se te coman los plazos y no tendrás tiempo de nada, pero hay que buscar ese tiempo de análisis y reflexión para enfocarte no sólo como abogado sino como empresario. Nunca hay que perder ese foco.

Suerte y ánimo a todos.